Los dos tigres

Los dos tigres

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A continuación, varias docenas de fieles llevaban las dos estatuas de la divinidad, una de piedra y otra de cobre dorado; esta era conducida sobre una especie de palanquín. Por último iba la horrorosa estatua de la diosa Kali, la protectora de la pagoda, tallada en piedra azul y cubierta de flores.

La esposa del feroz Shiva, el dios exterminador, aparecía representada por una mujer negra, con cuatro brazos y sus correspondientes manos, una de las cuales blandía un puñal y otra sostenía una cabeza degollada.

Del cuello hasta los pies llevaba una especie de collar formado por cráneos humanos, y le ceñía las caderas un cinturón de manos cortadas; la diosa llevaba la lengua fuera, que los artistas hindúes habían pintado de vivo color rojo.

A los pies de la diosa iba tendido un gigante, y a los lados, dos figuras de muchachas esqueléticas, cubiertas tan sólo por sus cabellos, que les llegaban hasta las rodillas.

Una de aquellas mujeres parecía beber en un cráneo humano, y a sus pies esperaba un cuervo, con el pico abierto…, tal vez a que cayera alguna gota de sangre; la otra mordía ferozmente un brazo, también humano, y un zorro la miraba como reclamando su parte.

—¿Es esa la diosa de los thugs? —preguntó Sandokán en voz baja.

—Sí, capitán —respondió Kammamuri.


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