Los dos tigres
Los dos tigres —TodavÃa se efectúan muchos, a pesar de la prohibición de los ingleses. En las orillas del Ganges queman a muchas viudas.
—¿Conoces el sitio donde se va a realizar ese abominable sacrificio?
—Está en el extremo de un espeso bosque, cerca de una pagoda vieja y semidormida que antiguamente estaba destinada a Kali.
—¿Y crees que el manti tomará parte en esa lúgubre ceremonia?
—SÃ, sahib.
—Dentro de tres dÃas ya podrás andar, y nos conducirás hasta ese sitio. Tenderemos una emboscada al manti, y veremos si esta vez también logra escaparse. Querido Yáñez, decididamente, tenemos la suerte de cara.
En aquellos instantes, la ballenera llegaba junto a la popa del Mariana.
—¡Abajo la escala! —gritó Sandokán a los hombres que permanecÃan de guardia.
Subió rápidamente, y cayó en los brazos de un hombre que le esperaba en lo alto.
—¡Tremal-Naik! —exclamo el formidable pirata estrechando a su amigo entre sus brazos.
—¡Te aguardaba lleno de ansiedad! —le respondió el hindú.