Los dos tigres
Los dos tigres —¿No has estado nunca en esos subterráneos? —preguntó Sandokán.
—Allà dentro he recibido mi educación de bayadera —contestó la joven—. Y después me destinaron a la pagoda de Kali y de Darma-Ragiae.
—¿Y no sabes dónde podrÃamos encontrar al manti? ¿Vive en la pagoda o en otra parte?
—En la pagoda no le he visto más que unas cuantas veces. ¡Ah! Ustedes pueden volver a verle pronto.
—¿En dónde? —preguntaron a la vez Yáñez y Sandokán.
—Dentro de tres dÃas, y en las orillas del Ganges, se efectuará un oni-gomon[15], en el cual tomarán parte las bayaderas y las nuastachi de la pagoda de Kali, y de seguro que el manti no ha de faltar.
—¿Qué es eso de oni-gomon? —preguntó Sandokán.
—Es el acto de quemar a la viuda de Rangi-Nin sobre el cadáver de su marido, que era un jefe de los thugs.
—¿Viva?
—Viva, sahib.
—¿Y eso lo permite la policÃa anglo-india?
—SÃ, porque nadie irá a decÃrselo.
—Yo creÃa que esos horribles sacrificios ya no se realizaban.