Los horrores de la Siberia
Los horrores de la Siberia HACE apenas cincuenta años, Irkutsk era solamente una aldea, y hoy, merced al cuidado y actividad del Gobierno ruso, es la ciudad más hermosa y más grande de la Siberia.
Situada a cinco mil doscientas verstas de Moscú, ofrece un aspecto en extremo pintoresco, pues tiene mucho de bizantina, algo de europea y bastante de china.
Su población asciende a más de cincuenta mil almas, y es una mezcolanza de rusos, siberianos, chinos, etc.
Los forzados de la cadena viviente miraban con tristes ojos a la opulenta ciudad; en ella terminaba su penosa marcha, pero en ella iban a ser sepultados vivos en los pozos de las minas.
—Ya estamos aquà —dijo Iván volviéndose hacia el coronel—. Dentro de veinticuatro horas comenzaremos nuestros trabajos.
—Lo mismo que los esclavos —añadió el coronel con triste sonrisa.
—Gracias a que procuraremos apelar a la fuga. ¿Creéis que el peregrino haya llegado ya a su patria?
—Me parece que sÃ; a menos que…
—¿Qué? —preguntó el estudiante con ansiedad.
—Que haya muerto.
—¿Y por qué ese temor?
