Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra El maharata se puso en pie. Comprendió la traición del bengalà y el peligro que corrÃa su patrón.
—¡Darma! ¡Punthy! —gritó con voz entrecortada—. ¡A la cabaña! ¡A la cabaña…! Están matando al patrón.
Y se lanzó a través de la floresta precedido por el tigre y seguido por el perro.
Mientras Kammamuri corrÃa como un gamo bajo las obscuras bóvedas de vegetación, el bengalà no habÃa perdido el tiempo.
Cuando se quedó solo se habÃa lanzado fuera de la espesura y habÃa corrido precipitadamente hacia la cabaña, resuelto a estrangular a su segunda vÃctima.
SabÃa que llevaba buena ventaja al maharata, pero, a pesar de ello, devoraba el camino con la velocidad de un proyectil temiendo que le pillasen en el momento de la realización el tigre y el perro, de los que podÃa temer todo.
Atravesó la jungla empleando menos de media hora y, después de haber preparado un segundo lazo, se detuvo en el lÃmite del bosque.
—Tremal-Naik estará seguramente en guardia —murmuró—. Si me ve volver solo creerá que he abandonado a Kammamuri y me levantará la tapa de los sesos con una bala de carabina. Este hombre no bromea.