Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Un segundo más y la vÃctima caerÃa para no volver a levantarse.
Hizo silbar rápidamente el lazo en torno a él y lo lanzó al tiempo que daba un salto hacia adelante.
Tremal-Naik cayó al suelo como un árbol desarraigado por el viento, pero, por casualidad, una mano se le habÃa quedado presa en el lazo.
—¡Kammamuri! —gritó el desgraciado, cogiendo con la otra mano la cuerda y tirando hacia sà con desesperada energÃa.
—¡Muere! ¡Muere! —aulló el asesino arrastrándolo por el suelo. Tremal-Naik lanzó un segundo grito.
—¡Kammamuri! ¡Socorro!
—Aquà estoy —tronó una voz.
Manciadi rechinó los dientes con furor. En el borde de los bambúes habÃa aparecido de improviso el maharata: ante él corrÃa, con saltos gigantescos, el tigre, con Punthy a su costado.
Un relámpago rompió la oscuridad, seguido por una fragorosa detonación. Manciadi saltó y se lanzó como un loco hacia la orilla próxima.
Resonó un segundo disparo y Manciadi cayó en el rÃo.