Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Por la mañana, ansioso por saber algo, Kammamuri se apresuró en salir. Lo que en seguida atrajo su mirada fue un puñal clavado en tierra, a pocos pasos de la cabaña, que retenÃa un papel azulenco.
—¡Oh! —exclamó—. ¡Alguien ha osado venir hasta aquÃ…!
Se aproximó con precaución y casi con repugnancia a aquellos objetos y los recogió. El puñal era de acero bruñido, de un metal que dejaba ver el veteado, de una forma particular y con extrañas incisiones en la hoja.
Abrió la carta: en ella distinguió el dibujo de una serpiente con la cabeza de mujer, el emblema misterioso de los indios de Raimangal, y debajo algunas lÃneas de escritura roja.
Hizo acurrucarse a Darma y Punthy y acudió corriendo a Tremal-Naik. Lo encontró sentado ante una de las ventanas, con la cabeza entre las manos, la mirada vuelta hacia los nebulosos horizontes del sur.
—Patrón —dijo el maharata.
—¿Qué quieres? —preguntó el indio con voz sorda.
—Deja los tristes pensamientos y mira estos objetos.
Tremal-Naik se volvió como penosamente. Pero cuando vio el puñal que Kammamuri le mostraba, una contracción nerviosa alteró los rasgos de su cara.