Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Asà lo creo, patrón. Los indios practican el onugonum[13], es decir, la ceremonia en que se quema a una mujer, pero siempre con gran estrépito.
—Temo perderme en estos corredores —declaró Tremal-Naik—. Se dirÃa que en este instante supremo tengo miedo.
—Es imposible. ¡Miedo tú! Animo, patrón, y vayamos adelante despacio. Si alguien nos oye, podrÃa dar la alarma y hacer que cayesen sobre nosotros todos los misteriosos habitantes de estos tenebrosos subterráneos.
—Ya lo sé, Kammamuri; ten al tigre.
Tremal-Naik puso su pie sobre un escalón viscoso y comenzó a descender con las manos tendidas hacia adelante, para no chocar contra algún obstáculo, y los ojos bien abiertos. Después de diez escalones encontró el suelo de un túnel que descendÃa lentamente.
—¿Ves algo? —preguntó a Kammamuri.
—Nada; me parece haberme vuelto ciego. ¿Será éste el camino que conduce a la pagoda?
—No lo sé, Kammamuri. DarÃa la mitad de mi sangre por encender un poco de fuego. ¡Qué situación tan tremenda!
—Adelante, patrón. Me temo que esté próxima la medianoche.