Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —No, pero he chocado con una lanza. La punta me ha tocado el pecho y por poco no me ha herido.
—Sin embargo, Darma no da señales de inquietud.
—¿Me habré engañado? No es posible.
Avanzó una vez más, cautelosamente, y sintió la misma punta aguda que le penetró esta vez en la carne. Lanzó una sorda imprecación y alargó la mano derecha, agarrando una especie de lanza situada horizontalmente a la altura de su pecho. Probó a arrancarla, pero resistió; intentó torcerla, pero no fue capaz. Tremal-Naik dejó escapar una exclamación de asombro.
—¿Qué significa esto? —murmuró.
—¿Y bien, patrón? —preguntó Kammamuri—. ¿Qué obstáculo hay?
—Una lanza inarrancable, quizás inserta en el muro: desviémonos.
Se volvió a la derecha y después de algunos pasos encontró una segunda lanza también inarrancable. Su sorpresa llegó al colmo.
«Quizás es una obra de defensa» pensó «o quizás algún instrumento de tortura. Volvamos a la izquierda. Algún camino encontraré para continuar avanzando».