Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Bien —dijo Tremal-Naik—. ¡Kammamuri, coge los remos!
—¿Qué quieres hacer, señor? —preguntó el maharata.
—Ir hasta el banian.
—¡Oh! ¡No lo hagas, señor! —gritaron al unÃsono los dos indios—. Te matarán a ti también.
Tremal-Naik los miró con ojos como ascuas y dijo sólo, con un tono de voz que no admitÃa réplica:
—¡A la canoa, Kammamuri!
—Pero señor…
—¿Acaso tienes miedo? —preguntó despectivamente Tremal-Naik.
—Soy maharata. ¿Lo has olvidado, señor? —dijo el indio con orgullo.
Kammamuri cogió un par de remos y se dirigió hacia la orilla.
Tremal-Naik entró en la cabaña, descolgó de un clavo una carabina de largo cañón, cogió también una gran bolsa de pólvora y se colocó en el cinturón un ancho cuchillo.
—Aghur, tú te quedarás aquà —dijo al salir—. Si no hemos vuelto dentro de dos dÃas ven a buscarnos a Raimangal con el tigre y Punthy.
—Llévate a Darma. PodrÃa serte útil —le sugirió Aghur.