Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —La busqué durante largos años —prosiguió—, pero no logré encontrar ni siquiera sus huellas. Los estranguladores la habÃan llevado a su inaccesible guarida. Cambié mi nombre y adopté el de Macpherson, para actuar mejor, y emprendà una campaña despiadada contra ellos, pero todo fue en vano. Han transcurrido cuatro largos años y mi hija está todavÃa en poder de esos hombres…
En la lejanÃa se oyó un toque de trompeta. Ambos se alzaron precipitadamente corriendo hacia el rÃo.
—¡Aquà están! —gritó Bharata.
De los labios del capitán Macpherson surgió una especie de sordo rugido y en sus ojos centelleó un relámpago de feroz alegrÃa.
Se apresuró hacia la orilla y distinguió, a quinientos o seiscientos metros de distancia, una gran canoa que descendÃa con rapidez por la corriente. A bordo se distinguÃan algunos cipayos con las bayonetas caladas en las carabinas.
—¿Lo ves? —preguntó rechinando los dientes.
—SÃ, capitán —respondió Bharata—. Está sentado a popa entre dos cipayos, bien encadenado.
La gran lancha fue a tomar tierra cerca del capitán. Desembarcaron seis cipayos de bronceados y altivos rostros. Detrás de ellos descendieron otros dos cipayos que tenÃan fuertemente agarrado por los brazos al estrangulador Negapatnan.