Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Tres dÃas después, mi Ada se despertaba con el tatuaje de los estranguladores en los brazos.
—¿HabÃa penetrado en el fuerte un thug?
—Es indudable.
—¿Tienen quizás afiliados entre nuestros cipayos?
—Su secta es inmensa, Bharata, y tienen afiliados en toda la India, en Malasia e incluso en China. Yo, que no habÃa conocido jamás el temor, aquel dÃa lo experimenté por primera vez. Comprendà que mi hija habÃa sido elegida por la monstruosa diosa y redoblé la vigilancia. ComÃamos juntos, yo dormÃa en la estancia contigua, y tenÃa centinelas que vigilaban dÃa y noche ante su puerta. Todo fue inútil; una noche mi hija desapareció.
—¡Vuestra hija desapareció! ¿Pero cómo…?
—Los estranguladores habÃan desquiciado una ventana, habÃan entrado y la habÃan raptado. Los afiliados habÃan vertido un poderoso narcótico en nuestro vino y nadie oyó nada ni se dio cuenta de nada.
El capitán, presa de una indecible emoción, calló un momento.