Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¡Malditos thugs! —gritó Tremal-Naik con voz jadeante.
—¿Qué ha sucedido…? Habla, Saranguy, habla —apremió Bharata fuera de sÃ, mientras desataba las ligaduras del indio.
—El sol se habÃa ocultado —dijo Tremal-Naik— yo estaba sentado ante el prisionero, que no separaba sus ojos de los mÃos. De repente sentà que mis párpados se hacÃan pesados y un entorpecimiento, una somnolencia inexplicable, se adueñó de mÃ. Intenté luchar durante mucho tiempo y luego, sin saber cómo, caà para atrás y me adormecÃ. Cuando abrà los ojos habÃa sido atado y amordazado y las barras de la tronera yacÃan por tierra. Dos thugs estaban estrangulando a un pobre cipayo. Traté de debatirme, de gritar, pero me fue imposible.
—¿Y Negapatnan?
—HabÃa huido antes que nadie.
—¿Y no sabes la causa de la somnolencia?
—No sé nada.
—Te han adormecido con flores que exhalan un potente narcótico. Pero volveremos a coger a ese Negapatnan. He puesto sobre sus huellas a unos magnÃficos hombres.
—¡Iré yo a buscarlo también! —dijo Tremal-Naik—. ¿Qué dirección ha tomado?
—Se ha internado en la jungla por aquella parte.