Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Tremal-Naik se puso un fusil en bandolera y salió corriendo, dirigiéndose hacia la jungla. Bharata lo siguió con la mirada. Luego, de improviso, le asaltó una duda.
—¡Nysa! ¡Nysa! —gritó.
Un indio que estaba cerca de la tronera, examinando atentamente las huellas, acudió.
—Aquí estoy, sargento —le dijo.
—¿Has examinado bien las huellas? —le preguntó Bharata.
—¿Cuántos hombres han salido de la bodega?
—Uno sólo.
Bharata tuvo un gesto de cólera.
—¿Ves a ese hombre que corre hacia la jungla? Síguelo: es necesario que yo sepa dónde va.
—Confía en mí —respondió el indio.
Esperó a que Tremal-Naik hubiera desaparecido detrás de los árboles y luego partió como un ciervo, intentando mantenerse escondido detrás de las espesuras de bambúes.
Bharata volvió al bungalow y se acercó al capitán, que caminaba por la terraza con paso agitado, desfogando su cólera con sordas imprecaciones.
—Hemos sido traicionados, capitán —dijo.
—¡Traicionados…! ¿Y por quién…?
—Por Saranguy.