Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¿No conoces a ninguno de esos hombres?
—¡Conocer yo… a esos hombres! —exclamó Tremal-Naik, inquieto y aturdido.
—Sin embargo me han dicho que te han visto hablar con un indio sospechoso.
Tremal-Naik le miró sin responder. Poco a poco sus ojos se habÃan inflamado y resplandecÃan como dos carbones ardiendo su faz se habÃa obscurecido y se habÃan alterado sus facciones.
—¿Qué tienes que decir? —preguntó el capitán Macpherson con acento ligeramente burlón.
—¡Thugs! —balbuceó el cazador de serpientes agitando locamente los brazos y estallando en una carcajada—. ¿Qué yo he hablado con un thug?
—Atención —murmuró Bharata al oÃdo del capitán—. La limonada está haciendo sus efectos.
—Adelante, habla —insistió Macpherson.
—SÃ, recuerdo, he hablado con un thug en el borde de la floresta. ¡Ah…!, ¡ah…! Y creÃan que yo buscaba a Negapatnan. Qué estúpidos… ¡ah…!, ¡ah…! ¿Seguir yo a Negapatnan? Yo que tanto he trabajado para ayudarlo a escapar… ¡ah…!, ¡ah…!
Y Tremal-Naik, presa de una especie de alegrÃa febril, irresistible, comenzó a reÃr como un idiota sin saber lo que decÃa.