Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Si, Saranguy. Te hemos dado a beber el youma y lo has confesado todo.
Tremal-Naik le miró espantado. Se acordaba de la limonada que el capitán le habÃa hecho beber.
—¿Quieres salvarte? —preguntó Bharata después de un breve silencio.
—Habla —dijo Tremal-Naik con voz entrecortada.
—Confiesa todo y quizás el capitán te perdonará la vida.
—No puedo: matarán a la mujer que amo.
—Escúchame, Saranguy. Ahora ya sabemos que los thugs tienen su sede en Raimangal, pero ignoramos cuántos son y dónde se esconden. Si nos lo dices quizás no mueras.
—¿Y qué haréis con todos aquellos thugs? —preguntó Tremal-Naik con voz ahogada.
—Los fusilaremos a todos.
—¿Aunque entre ellos haya mujeres?
—Las mujeres antes que nadie —declaró el sargento.
—¿Por qué…? ¿Qué culpa tienen?
—Son más terribles que los hombres. Representan a la diosa KalÃ.
Tremal-Naik se cogió la frente con las manos clavándose las uñas en la piel. Sus ojos miraban extraviados y su rostro estaba muy pálido, casi ceniciento, y el pecho se le levantaba impetuosamente.