Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Si se concediese la vida a una de esas mujeres… quizás hablarÃa.
—Es imposible, porque cogerlas vivas costarÃa torrentes de sangre. Las ahogaremos a todas como bestias feroces en el subterráneo. Una pregunta más, ¿quién es esa mujer?
—No puedo decirlo —respondió el cazador de serpientes.
—Está bien —terminó el sargento—. Dentro de tres o cuatro dÃas te llevaremos a Calcuta.
Una viva conmoción alteró las facciones del prisionero. Siguió con su mirada al sargento que se alejaba y luego sus ojos se fijaron en la tronera.
—Es preciso huir esta noche —murmuró—, o todo se habrá perdido.
Transcurrió la jornada sin que ocurriese nada nuevo. Al mediodÃa y por la tarde le llevaron al prisionero una amplia escudilla de curri[17] (arroz condimentado con salsa picante) y una copa de tody (vino extraÃdo de un árbol).
Apenas se ocultó el sol tras la floresta y se hizo la oscuridad en la bodega, Tremal-Naik respiró. Permaneció tranquilo durante tres largas horas, previendo la posibilidad de que entrase alguien. Luego se puso activamente a trabajar para intentar la evasión.