Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Los indios son famosos por su forma de atar a las personas y se necesita una gran práctica para deshacer sus nudos complicadísimos.
Por fortuna para él, poseía una fuerza prodigiosa y buenos dientes.
Con una sacudida aflojó una cuerda que le impedía inclinar la cabeza y luego, pacientemente, sin preocuparse del dolor, aproximó una de sus muñecas a la boca y se puso a trabajar con los dientes, cortando, royendo, deshilachando.
Cuando logró romper la cuerda, fue cosa de un momento el desembarazarse de las otras ataduras.
Se puso en pie estirando los miembros entumecidos y luego se aproximó a la tronera y miró al exterior.
Aún no había salido la luna, pero el cielo estaba espléndidamente estrellado. Por la tronera entraban soplos de aire fresco oloroso por el perfume de mil flores distintas.
No se oía ningún ruido en el exterior, ni se distinguía alma viviente en la zona visible para él.
El prisionero agarró una de las barras y la sacudió furiosamente; la curvó, pero no la arrancó.
—La fuga por aquí es imposible —murmuró.
Miró a su alrededor buscando un objeto cualquiera que pudiera ayudarle a arrancar las barras pero no encontró ninguno.