Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¿Sientes algo tú? —preguntó el soldado más joven al otro.
—Sà —respondió el compañero—. Me parece como si estuviera borracho.
—¿Habrá algún manzanillo cerca de nosotros?
—No he visto ninguno en el parque.
La conversación acabó allÃ. Tremal-Naik, que estaba atento, los vio cerrar poco a poco los ojos, volverlos a abrir tres o cuatro veces, y luego cerrarlos definitivamente. Lucharon todavÃa algunos minutos contra el sueño y luego cayeron pesadamente a tierra, roncando ruidosamente.
Era el momento de actuar. Tremal-Naik se desató y silenciosamente se levantó.
—¡La libertad! —exclamó.
Fue a coger las armas que habÃa escondido, ató fuertemente a los dos durmientes y se lanzó hacia la escalera.