Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra El thug tomó un par de pistolas, miró si estaban cargadas y salió para ponerse de centinela ante la puerta.
El sargento comenzaba ya a reír y a hablar sin detenerse un solo instante. Tremal-Naik, sorprendido, escuchaba aquel torrente de palabras y recogió al vuelo el nombre del capitán Macpherson.
—Bien, sargento —dijo—. ¿Dónde está el capitán?
Al oír su voz, Bharata se detuvo. Miró a Tremal-Naik con los ojos chispeantes y preguntó:
—¿Quién me habla…? Me parecía haber oído la voz de un thug…¡ah…!, ¡ah…! Dentro de poco ya no habrá más thugs. Lo ha dicho el capitán… y el capitán es un hombre de palabra… un gran hombre que no tiene miedo. Los asaltará en su cueva… los destruirá con bombas… será estupendo verlos escapar con el agua a los talones… ¡ah…!, ¡ah…!, ¡ah…!
—¿E irás tú también a verlos? —preguntó Tremal-Naik, que no se perdía una palabra.
¡Sí que iré y tú también vendrás…! ¡Ah…!, ¡ah…! Será un espectáculo magnífico.
¿Y sabes dónde está su cubil?
—Sí que lo sé. Lo ha dicho Saranguy.
—¿Y estaba presente el capitán cuando Saranguy habló? —preguntó Tremal-Naik, estremeciéndose.
—Claro, y partió en seguida para sorprenderlos.