Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —He obedecido tus instrucciones —dijo el estrangulador—. Viendo avanzar a dos cipayos por el corredor disparé y derribé a uno; el otro huyó hacia aquella puerta y yo le seguÃ, pero caà y cuando me levanté encontré cerradas las puertas. A no ser por ti todavÃa estarÃa prisionero.
—Has obrado mal disparando tan precipitadamente. Ahora no sé cómo acabará la cosa.
—Permaneceremos aquÃ.
—Y mientras tanto Raimangal caerá.
—¿Qué has dicho?
—Que Raimangal está amenazada.
—¡Es imposible!
—El capitán Macpherson está en el fuerte William y prepara una expedición para asaltar Raimangal.
—¡Entonces corremos un gran peligro!
—Ciertamente. Pero esta noche escaparemos.
Un disparo de carabina resonó en el exterior seguido por el grito:
—¡El tigre…!, ¡el tigre…!
Tremal-Naik se abalanzó a la ventana y miró.
Los dos cipayos que estaban emboscados detrás de un matorral se habÃan puesto en pie con las carabinas en la mano y lanzaban gritos de espanto.
Ante ellos, a doscientos pasos, rugÃa un gran tigre.
—¡Darma! —gritó Tremal-Naik.