Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¿Y los cipayos? —preguntó el thug—. Apenas hayamos saltado nos dispararán.
—Haremos que descarguen antes sus armas.
—¿Cómo?
—Ahora lo verás.
Tremal-Naik cogió las alfombras, todas las ropas que fue capaz de encontrar, los cabezales del lecho y formó un fantoche de la altura de un hombre.
—¿Estás dispuesto? —preguntó a Nagor.
—Cuando quieras salto por la ventana. ¿Y el sargento?
—Duerme y lo dejaremos dormir. Estáte atento ahora: los dos cipayos están a cincuenta pasos de nosotros. Yo asomo el fantoche. Los dos cipayos lo confundirán indudablemente con uno de nosotros y descargarán sus carabinas.
—Muy bien.
—Aprovecharemos entonces para saltar fuera y escapar.
—Eres valiente y astuto —le admiró Nagor—. Con un hombre semejante se puede lograr todo. ¡Lástima que no seas un thug!
—Prepárate para saltar.
Tomó el lazo y asomó el fantoche por la ventana haciendo que se moviera. Los dos cipayos dispararon.