Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Tremal-Naik y Nagor se precipitaron por la ventana empuñando los revólveres. Cayeron, se levantaron y emprendieron rápida carrera como dos saetas.
Detrás de ellos oyeron a los centinelas dar la alarma; se dispararon algunos tiros de fusil que no dieron en el blanco.
Tremal-Naik entró como una bomba en una empalizada. Un caballo estaba tumbado en tierra. De un puñetazo lo hizo ponerse en pie.
—Sube detrás de mà —gritó el thug.
Los dos fugitivos saltaron al caballo, apretaron las rodillas, se agarraron a las crines y lanzaron al animal a través de la llanura.
—¿Dónde vamos? —preguntó Nagor.
—A unirnos a Kougli —respondió Tremal-Naik, golpeando los flancos del caballo con la culata del revólver.
—¡Iremos a caer entre los cipayos!
—¿Es que quizás está asediado Kougli?
—Cuando lo dejé habÃa cipayos en el bosque.
—Iremos con cautela. Ten dispuestas las armas.
El caballo, magnÃfico animal de pelo negro, corrÃa velozmente saltando fosos y matorrales, pese a su doble carga.
Ya habÃa desaparecido el bungalow en las tinieblas y aparecÃa el bosque cuando de una espesura de bambúes gritó una voz: