Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra La mirada del contramaestre se cruzó con la del viejo thug y luego se dirigió a otro lugar fingiendo observar un grab[18] que descendÃa por la corriente con las velas desplegadas.
—Dentro de poco Hider estará en tierra —dijo el viejo volviéndose a Tremal-Naik—. Me ha comprendido.
—¿Dónde lo esperaremos?
—En una taberna que es de uno de nuestros afiliados.
La chalupa reanudó su marcha manteniéndose a poca distancia de la orilla y ascendiendo hacia el centro de la capital de Bengala.
Los buques y las barcas aumentaban ocupando toda la anchura del rÃo. Barcos pertenecientes a todas las naciones del globo, unos de vapor y otros de vela, y un número infinito de embarcaciones indias, grab, paular, banghe y pinazas, se amontonaban en los muelles, mientras legiones de faquines cargaban y descargaban las mercancÃas, amontonándolas bajo inmensos cobertizos.
Por el contrario, en las orillas, especialmente en los ghât[19], grandes escalinatas de piedra que descienden hasta el rÃo, se veÃan multitudes de hombres, mujeres y muchachos que venÃan a hacer sus abluciones en las sagradas aguas del Ganges.