Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Vamos a ver al contramaestre —dijo Tremal-Naik.
—Despacio; es necesaria la mayor prudencia.
—Pero aquà no se nos conoce.
—¿Quién puede asegurarlo? Déjate guiar por mÃ, que soy uno de los más viejos thugs.
El thug abandonó un momento el remo y se puso en pie mirando atentamente el puente de la cañonera.
HabÃa bastantes marineros en la toldilla, ocupados en limpiar la cubierta y poner en orden los cables y diversos utensilios que habÃa en ella. Entre ellos el viejo thug distinguió a un hombre que estaba charlando con un joven cadete.
—Es él —dijo el estrangulador volviéndose hacia Tremal-Naik.
—¿Te ha visto?
—Espera un momento —respondió el thug haciéndole una rápida seña.
Acercó las manos a los labios y, formando una especie de altavoz, emitió tres notas estridentes, que parecÃan producidas por un instrumento de cobre en lugar de por una boca humana.
Casi en seguida se vio al contramaestre volver el rostro hacia el rÃo y luego inclinarse sobre la borda. La chalupa pasaba entonces casi por debajo de la borda de la cañonera.