Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Entraron en un cubÃculo casi a oscuras, donde poco después se les unió un contramaestre de la marina real. Este hombre era un indio vigoroso, de unos cuarenta años, estatura más bien alta, miembros musculosos, barba negrÃsima y ojos inteligentes.
MantenÃa entre sus labios una pipa corta y fumaba con fruición.
Viendo al viejo thug se le aproximó tendiéndole una mano y diciendo:
—Muy contento de verte, Moh.
Luego lo miró con fijeza, mientras con un rápido gesto indicaba a Tremal-Naik.
—No temas, Hider —lo tranquilizó el viejo que habÃa comprendido perfectamente la reserva del otro—. Este es un devoto afiliado, uno de los jefes.
—Que me lo demuestre —dijo el contramaestre.
Tremal-Naik le mostró el anillo que llevaba en el dedo.
El marinero inclinó la cabeza diciéndole:
—Estoy a tus órdenes, enviado de KalÃ.
—Siéntate y escucha —dijo Tremal-Naik—. ¿Conoces al capitán Macpherson?
—El padre de la… —comenzó Hider. Pero el viejo thug interrumpió, arrugando la frente e indicando a Tremal-Naik. Hider pescó al vuelo la indicación.