Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Entonces, esta noche debes estar ante la villa del capitán.
El faquir se alzó haciendo un esfuerzo y luego, sin mirar a nadie, entró en la pagoda manteniendo siempre en alto su brazo.
—¿Dónde os encontraré? —preguntó Hider, cuando el faquir desapareció—. Es necesario que vuelva al barco.
—Iremos a pedir hospitalidad a Windhya —dijo el viejo thug. Mientras permanezcamos en Calcuta estaremos en su casa. ¿Cuándo nos volveremos a ver…?
—Mañana, después del mediodía. Antes sería imposible, porque tengo mucho trabajo a bordo. ¿Sabes que dentro de pocos días partiremos?
—¿Dónde va el «Devonshire»?
—A Ceylán.
—Lamento no tenerte como compañero en esta difícil empresa.
Una vez solos, Tremal-Naik y el viejo thug volvieron a la ciudad europea, siguiendo otra vez las orillas del Ganges, y se unieron a sus compañeros que habían permanecido de guardia en la chalupa.
—A casa de Windhya —dijo simplemente el viejo thug.
Se sentó en la popa al lado de Tremal-Naik, y la ligera embarcación comenzó a navegar de nuevo remontando velozmente la corriente del sagrado río Ganges.