Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Las uñas, al no poder encontrar salida, al principio se habÃan curvado, luego habÃan traspasado las palmas, y ahora sobresalÃan por el dorso de las manos como zarpas de una bestia feroz.
—Nimpor —dijo el viejo thug, inclinándose hacia el faquir, que conservaba una inmovilidad absoluta como si no se hubiera dado cuenta de la presencia de aquellos tres hombres:
—Kalà te necesita.
—Mi vida pertenece a la diosa —respondió el faquir sin alzar los ojos—. ¿Quién te manda…?
—Suyodhana.
—¿El hijo de las sagradas aguas del Ganges…? ¿Qué quiere?
—Que descubras dónde está un hombre al que debemos matar, porque si no lo hacemos asà destruirá a nuestros hermanos de Raimangal.
Un estremecimiento se reflejó en el rostro impasible de Nimpor.
—¿Quién se atreve a ir a Raimangal?
—El capitán Macpherson.
—¿Y tú quieres saber dónde se encuentra el capitán?
—Es preciso que lo sepa.
—¿Para cuándo?
—Para esta noche.