Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Un indio que no muere de muerte repentina jamás descuida el hacerse llevar, en el momento de la agonÃa, a las orillas del Ganges, para estar más dispuesto para irse al paraÃso de Brahma. Se hace colocar a la sombra de cualquier árbol, sobre la tierna hierba, y espera resignado y tranquilo a que el alma se le escape del cuerpo, mientras los parientes le rocÃan la faz con el agua del rÃo y lo embadurnan con fango, el brahmán derrama sobre él hojitas de albahaca y otros preparan la pira en que será quemado.
La chalupa, después de haber recorrido otras dos millas pasando ante nuevos templos, nuevas villas de ingleses adinerados y un interminable número de casuchas de la ciudad india, se detuvo al lado de una franja de tierra baja, sombreada de cocoteros, que se encontraba desierta.
El viejo thug saltó a tierra, hizo ademán a Tremal-Naik para que lo siguiera y se dirigió hacia un grupo de casuchas agrupadas alrededor de una vieja pagoda de dimensiones gigantescas y ya en ruinas.
Recorrió algunas callejuelas fangosas y sucias, flanqueadas por huertos, y se detuvo ante una casucha de arcilla con el techo de hojas de palmera, que se erguÃa aislada en el margen de un pantano.