Los Misterios de la jungla negra

Los Misterios de la jungla negra

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Un indio viejo y arrugado estaba sentado en la puerta, teniendo a mano un ramo de hojas secas rociadas de ceniza, como suelen usar los faquires que pertenecen a la casta de los ramanandy[21], o sea, de los adoradores de Rane, la divinidad creadora.

Llevaba los cabellos bastante largos, embadurnados de fango rojizo y enrollados alrededor de la cabeza de modo que formaban una masa enorme, semejante a una gran peluca; tenía la barba afeitada, pero bajo el mentón había dejado crecer una perilla delgadísima, que se había transformado en algo tan largo que casi tocaba el suelo. Más que una perilla, aquel largo apéndice de pelos ensortijados parecía una cola de cerdo.

Llevaba además tres señales en la frente, hechas con ceniza y estiércol de vaca, otras tres en medio del pecho y otras tantas en los brazos; en las rodillas llevaba un trapo empapado en agua para refrescarse.

El viejo thug se aproximó a aquel ser espantoso y le dijo bruscamente:

—Tenemos necesidad de ti, Windhya.

El ramanandy miró al indio y luego le respondió:

—El enviado de Kalí sea bienvenido: estoy dispuesto para obedecerte en todo.

—Tengo necesidad de tu casa.

—Es tuya.


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