Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —SÃ.
—Ven, Tremal-Naik —dijo el thug.
Descendieron por la escalinata opuesta, pasando por detrás de la pagoda, y se detuvieron ante un gracioso bungalow de piedra blanca, rematado por un techo piramidal de zinc y rodeado por un espacioso corredor sostenido por un gran número de pequeñas columnas de madera pintadas de azul.
Las ventanas de aquella graciosa vivienda estaban abiertas, pero no se veÃa brillar ninguna luz en el interior.
No obstante, la villa debÃa de estar habitada, porque en la puerta vigilaba un cipayo armado de fusil con bayoneta.
—¿El bungalow del capitán? —preguntó Tremal-Naik con voz ahogada.
—Sà —respondió el thug.
—¿Estará ahà el hombre que debo matar?
—Quizás.
—¡Ah! ¡Si pudiese entrar!
—Te apresarÃan en seguida. ¿Crees que sólo hay un cipayo? El capitán es un hombre prudente y se habrá rodeado de un buen número de soldados.
—¿Y entonces? —preguntó Tremal-Naik con ansiedad.