Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Los seguÃan veinte músicos, algunos provistos de khole, tambores sagrados de terracota, cubiertos con piel en los dos extremos, uno más grande que otro, con el fin de dar dos notas distintas; otros con hulok, tambores más pequeños que producen sonidos más agudos, y otros con domp, mucho más grandes que los dos primeros, de forma octogonal y que se golpean con las manos.
No obstante, no faltaban los instrumentos de viento y de cuerdas; habÃa tocadores de tabri, instrumento que semeja un poco las cornamusas de nuestros pastores, bansi, especie de flauta de pico, y también sarinda, un violÃn que se hace sonar con un arco construido con cuerdas de algodón.
Por último venÃan unos setenta faquires pertenecientes a diversas castas, saniassi, nanek–punthy, dondy y nagú, con barras de hierro ardiendo al rojo y vasos de terracota colmados de materias inflamables.
Atravesada la pequeña explanada, el cortejo se detuvo ante la villa del capitán, redoblando su estruendo, y formó un amplio cÃrculo.
La luz proyectada por todas aquellas luminarias era tan intensa que dejaba ver como en pleno dÃa la fachada de la villa, asà como también era posible distinguir en seguida a cualquier persona que se mostrase en el corredor o en las ventanas.