Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Los encantadores de serpientes esperaron a que terminasen su pieza los músicos, luego se reagruparon en medio del cÃrculo y colocaron en tierra las cestas que contenÃan los reptiles. Eran todos magnÃficos ejemplares humanos de alta estatura, poderosa musculatura y rostros bastante barbudos que les daban un aspecto salvaje y fiero.
Mientras se disponÃan a abrir las cestas, Nimpor, manteniendo siempre en alto su repugnante brazo, dio la vuelta a la villa y se detuvo luego bajo el banano donde se encontraban Tremal-Naik y el viejo thug.
—No perdáis de vista las ventanas, Moh —dijo—. Si el capitán está aquÃ, seguro que se dejará ver.
—No separaremos la mirada ni un solo instante —afirmó el thug.
—Después de la partida de los sapwallah, me esperaréis en la pagoda.
Los encantadores de serpientes habÃan preparado mientras tanto sus instrumentos. Habiendo formado un pequeño cÃrculo dentro de los espectadores, se pusieron a tocar, arrancando de las flautas unos aires dulces, melancólicos, intercalados por modulaciones extrañas y por notas agudas que se extinguÃan de repente.