Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Al oír aquellos sonidos, los reptiles encerrados en las cestas comenzaron a agitarse mientras las tapaderas se iban elevando poco a poco. De repente se vio aparecer un reptil de escamas pardoamarillas, con el cuello enormemente hinchado, el cuerpo tan grueso como un puño y de una longitud de unos dos metros. Era una cobra sombrero o serpiente de anteojos, llamada así porque cuando se encoleriza, al hundir el cuello, forma dos extrañas convexidades que parecen las alas de un sombrero, y porque tienen sobre la cabeza dos manchas que dibujan un par de anteojos.
El reptil, uno de los más peligrosos de su especie, ya que no existe ningún remedio contra su mordisco, se irguió agitando la lengua y mostrando sus dientes agudos y ganchudos, pero en seguida un encantador lo cogió y, mientras sus compañeros continuaban tañendo, lo arrojó al aire.
El reptil, furioso, cayó silbando y retorciéndose. El sapwallah, rápido como un relámpago, lo agarró por la garganta y lo obligó a abrir la boca. Sin hacer caso de los silbidos de la cobra, se hizo alcanzar unas pinzas, le arrancó los dos dientes conductores del veneno, luego la arrojó por tierra cerca de una caldera llena de leche.