Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Mientras tanto se habÃan dejado ver otros dos reptiles, atraÃdos por aquella música que para ellos debÃa de ser irresistible. Uno era una boa, serpiente soberbia de unos cuatro metros de longitud, con la piel verde-azul de anillos irregulares; el otro, por el contrario, era una serpiente «del minuto» que no tenÃa más de quince centÃmetros de longitud y era delgada, pero la más peligrosa de todas porque mata al hombre más robusto justamente en poco más de un minuto.
Dos encantadores se mostraron rápidos para agarrar los dos nuevos reptiles y arrojarlos junto a la cobra de anteojos, la cual, olvidando su cólera, se habÃa puesto a beber golosamente la leche del recipiente. Continuaban saliendo otros reptiles de las cestas; najas negras, pitones atigradas, serpientes gulabas de piel rosa salpicada de manchas coralinas, y muchos otros más de diversas especies.
Muy pronto los cuatro grandes recipientes se vieron rodeados de serpientes ávidas de leche.
Entonces callaron las flautas, y los tambores y los instrumentos de viento y de cuerdas comenzaron su música ensordecedora; los faquires se pusieron a danzar desordenadamente corriendo alrededor de los reptiles que se habÃan vuelto casi inofensivos, uniendo sus gritos salvajes al estruendo de la orquesta.