Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra El capitán se adelantó, mirando por última vez a derecha e izquierda y detrás de sÃ, y luego entró resueltamente en la casucha.
El faquir habÃa entrado ya y habÃa encendido una lámpara. Apenas la llama iluminó la estancia un grito de estupor y de rabia se escapó de su garganta. El hombre que hasta aquel momento habÃa creÃdo que era el capitán era un bengalà robusto, de figura tosca, facciones atrevidas y fiera mirada. HabÃa dejado caer al suelo su amplio capote y mostraba el uniforme blanco y rojo de los cipayos indios.
—Me pareces asombrado —dijo el bengalà con una sonrisa burlona—. ¿Por qué…?
—¿Y me lo preguntas…? —respondió el faquir, conteniendo a duras penas la rabia que le hervÃa en el pecho—. CreÃa que hablaba con el capitán Macpherson, mientras ahora veo que tengo ante mà un sargento de cipayos.
El bengalà se encogió de hombros.
—¿CreÃas que mi capitán era tan ingenuo como para venir aquÃ?
—¡Quizás ha tenido miedo, tu capitán!
—No ha tenido miedo; es prudente.
—Ha hecho mal al no venir, porque yo no hablaré más que con él —dijo el faquir.