Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra El capitán se detuvo a cincuenta pasos de la casucha, mirando a derecha e izquierda como si temiese ser espiado o caer en alguna emboscada; luego, tranquilizado quizá por el silencio que reinaba en aquel lugar, se dirigió directamente hacia el faquir, que habÃa salido y le esperaba en el umbral. A diez pasos volvió a detenerse y luego, sacándose del cinturón una pistola y apuntándola hacia Windhya, le preguntó con voz amenazadora:
—¿Quién eres?
—El hombre que debe hablar con el capitán Macpherson.
—¿Tu nombre?
—Windhya.
—Entra en tu casucha y ten en cuenta que si has tenido la intención de tenderme una emboscada tengo dos pistolas en mi cinturón; la primera bala será para ti.
—Yo no soy un traidor —respondió el faquir con voz muy firme.
—De un delator se puede esperar todo.
—¿Habéis traÃdo el dinero?
—Tengo conmigo las cincuenta mil rupias que pides por tu delación.
—Entrad sin ningún temor.