Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Escúchame —exclamó—. Como te he dicho, odio a los thugs y especialmente a su jefe, el despiadado Suyodhana. Hasta hace pocos dÃas he formado parte de su secta; ahora estoy decidido a romper las pesadas cadenas que me ligaban a ellos para vengarme de todos los malos tratos que me han hecho sufrir.
—¿Qué te han hecho?
—Es inútil que te lo diga ahora. He estado bastantes años en Raimangal y quizá nadie conozca mejor que yo las sunderbunds y las cavernas inmensas que sirven de refugio a los devotos de aquella monstruosa divinidad, que nada en sangre humana. Te diré ahora cómo tendrá que actuar el capitán para sorprenderlos y…
El faquir se interrumpió bruscamente y una viva inquietud se reflejó de repente en su rostro.
En el exterior, en dirección al pantano, habÃa oÃdo resonar el aullido quejoso y triste de un chacal. Sabiendo que aquellos animales no frecuentaban unos parajes tan próximos a la ciudad india, se habÃa sentido afectado por aquel grito que podÃa ser también la señal de los hombres de la chalupa.
El sargento parecÃa no haber hecho caso del aullido del chacal; quizá creÃa que se trataba efectivamente de uno de esos animales.
—Continúa —dijo, viendo que el faquir habÃa interrumpido su discurso.