Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —SÃ, continuo —dijo Windhya—. Si el capitán tiene intención de sorprender a los thugs en su cubil, deberá adoptar las mayores precauciones para que no le descubran y se dé la alarma. Si tuviera que desembarcar en pleno dÃa no encontrarÃa ni siquiera un hombre en los subterráneos.
En aquel momento un segundo aullido, más largo y más triste que el primero, se oyó en el exterior. Ya no era posible engañarse: se trataba de una señal de peligro. Windhya fingió no parar mientes en ello y continuó.
—Dirás al capitán que no desembarque en Raimangal, sino que se esconda en el canal de Gona-Souba. Allà no faltan las islas y podrá establecer un cómodo campamento, para luego…
Se interrumpió por segunda vez, tosiendo ruidosamente. Casi de inmediato, volviendo lentamente la cabeza, vio que las esteras se movÃan imperceptiblemente y luego que se abrÃan. El sargento, que volvÃa la espalda a aquel rincón de la habitación, no se dio cuenta de nada. Escuchaba atentamente el relato del delator.
—… para caer de improviso sobre Raimangal —prosiguió el faquir.
—¡Como nosotros caemos sobre ti…! —gritó de improviso una voz a espaldas del sargento.