Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Este hizo un rápido gesto para empuñar las pistolas que tenÃa en las rodillas, pero seis robustas manos lo agarraron, desarmaron y arrojaron por tierra junto con la silla.
El desgraciado sargento vio por encima de sà tres puñales dispuestos a atravesarlo.
—¡Traidores…! —exclamó tratando de liberarse, pero en vano.
Después un grito de cólera y estupor se escapó de su garganta.
—¡Tú…! ¡Tremal-Naik…!
—Yo, Bharata —respondió el cazador de serpientes.
—¡Miserable!
—Te habÃa dicho que mi misión no habÃa acabado.
—¿Pero qué quieres de m� Si necesitas mi vida, tómala; el capitán me vengará y muy pronto.
—No tan pronto como crees —dijo Tremal-Naik—. En lugar de amenazarme, responde a nuestras preguntas si te interesa la vida.
—No tengo en ningún aprecio mi piel; he sido dos veces tan estúpido como para caer en tus manos; por consiguiente, puedes matarme.
—Por el contrario, yo quiero salvarte; eres un rehén demasiado valioso para ser sacrificado. Quiero que me digas dónde se encuentra tu amo.