Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Para matarlo, ¿verdad? —preguntó Bharata con ironÃa.
—Eso no te interesa. Dime dónde está.
—¿Dónde está? Abre esa puerta y lo verás.
—¡Está aquÃ! —exclamaron Tremal-Naik y el viejo thug.
—SÃ, y sólo espera una señal mÃa para entrar con sus cipayos, deteneros y ahorcaros.
—¡Por la muerte de Siva…! —exclamó Tremal-Naik palideciendo.
—¡Ah…! —exclamó el sargento, riéndose—. ¡Le creÃais tan ingenuo como para caer en una trampa…! No, canallas, es él quien os ha tendido una trampa en la que dentro de pocos minutos os cogerá.
—Mientes —dijo Windhya—. Quieres asustarnos.
—¡Abre esa puerta, pues…!
Tremal-Naik empuñó las dos pistolas del prisionero e hizo un gesto como para lanzarse hacia la puerta; Windhya y el viejo thug se apresuraron a detenerlo.
—¿Qué locura vas a cometer? —le dijo el faquir.
—Quizás ahà está el capitán —repuso Tremal-Naik.
—¿Y cuántos hombres están con él? ¿Tú lo sabes?
—Bharata puede haber mentido.