Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Y también puede haber dicho la verdad. ¿No has oÃdo dos veces el aullido del chacal? Nuestros hombres escondidos en el pantano nos han señalado un peligro.
—¿Qué quieres hacer, entonces…?
—Tranquilizarnos y esperar una mejor ocasión para volver a intentar el golpe.
—Pero, ¿y si estamos rodeados?
—Aunque fuesen mil huirÃamos igualmente. Espérame.
El indio estaba a punto de entrar en la habitación contigua cuando se oyó llamar ruidosamente a la puerta, al tiempo que una voz amenazadora gritaba:
—¡Abrid o prendemos fuego a la casa…!
—¡Mis compañeros! —exclamó Bharata.
—¡Que nadie responda! —ordenó el faquir—. Amordazad al prisionero y seguidme en silencio.
—¿Dónde vamos? —preguntó Tremal-Naik.
—Huimos.
—¿Y el capitán? ¿Debo perderlo una vez más?
—Si tienes en aprecio tu vida, ven —respondió el faquir—. Más tarde empezaremos con él otra partida, pero por ahora sólo nos queda escapar.
Amordazaron y ataron rápidamente a Bharata. A una señal del faquir, Tremal-Naik lo cogió entre sus brazos y luego todos pasaron a la habitación contigua, mientras la voz de antes, repetÃa con mayor fuerza.
—¡Abrid u os asaremos a todos!