Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Puede ser que el pantano se quede seco, pero, ¿qué importa? —murmuró—. Huyamos antes de que el agua llegue a la galerÃa y nos ahogue a todos.
Mientras por encima de sus cabezas resonaban los golpes propinados por los cipayos a la puerta, el agua invadÃa rápidamente la bodega subiendo su nivel a ojos vistas; el viejo se alzó sobre la columna y se adentró por el corredor.
Tanteó durante unos instantes las jambas de la abertura, y habiendo encontrado un saliente, lo apretó con ambas manos. En seguida la gruesa plancha de hierro se volvió a cerrar violentamente.
—Ahora, alcanzadnos —dijo el indio riendo—. Entre nosotros y vosotros habrá una buena masa de agua.
Y se precipitó por el corredor para alcanzar a sus compañeros, ya muy lejos.