Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Yo os alcanzaré en seguida.
Tremal-Naik, el dondy y el thug se lanzaron por aquel pasadizo, llevándose consigo a Bharata, que no intentaba ni siquiera oponer la menor resistencia, sabiendo, por lo demás, que hubiera sido vana.
Windhya esperó a que sus compañeros hubieran desaparecido, luego volvió a ascender por la escalera que conducÃa a su cabaña y se puso a escuchar.
En el exterior se oÃa gritar a los cipayos, amenazando volar la casucha. Cansados de esperar comenzaron en seguida a trabajar con las culatas de los fusiles para derribar la puerta.
—Nadie os impedirá el paso —murmuró el faquir con una sonrisa irónica—. Veremos si sois capaces de descubrirnos en los tenebrosos subterráneos de la vieja pagoda.
Tomó una tercera antorcha, se sujetó en el cinturón un ancho y pesado cuchillo y luego descendió a la bodega deteniéndose ante la pared opuesta a la de la plancha.
Alzó la antorcha para observarla atentamente durante unos instantes y luego empuñó el cuchillo y asestó un golpe formidable.
Una gran plancha de vidrio, ennegrecida por el tiempo, el polvo y la humedad, quedó destrozada por el choque y un enorme chorro de agua irrumpió mugiendo en la bodega.