Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Tremal-Naik rechazó con repugnancia aquel cuerpo todavía tibio y luego volvió a meterse bajo el agua. Había divisado la orilla a poca distancia, mientras las chalupas se encontraban ya a una distancia de medio kilómetro.
Recorrió aquel tramo en dos períodos, nadando desesperadamente por temor a ser descubierto y muerto, y llegó hasta el centro de un matorral de hojas flotantes, redondas y muy grandes, ghil, especie de loto que produce raíces gruesas que semejan nabos y que son ávidamente buscadas por los habitantes del Ganges.
Una bandada de aves acuáticas levantó el vuelo a través del río.
Tremal-Naik, temiendo que los cipayos de las chalupas sospecharan el verdadero motivo de aquella fuga precipitada de los volátiles, se mantuvo algunos minutos escondido entre las hojas flotantes y luego se acercó lentamente a la orilla, que en aquel lugar descendía dulcemente, cubierta por césped y hierbas altas, y con un último impulso salió del agua.
Ocultándose en lo más espeso del matorral, Tremal-Naik se izó a una gran rama cubierta de espeso follaje y miró hacia el río.