Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Reteniendo la respiración hasta el punto de sentir los latidos del corazón en sus oídos, recorrió doscientas brazas, luego salió a la superficie, dejando sólo emerger la punta de la nariz. Renovada su provisión de aire, volvió a hundirse, intentando cortar la corriente para llegar a las plantas acuáticas de la orilla opuesta. Ya había recorrido otras cuatrocientas brazas cuando al volver a flote oyó un disparo, seguido por un aullido.
—Han acertado a alguien —pensó.
Aunque se sentía exhausto, continuó nadando bajo el agua, hasta que se percató de que estaba a punto de perder el sentido. Aun a riesgo de recibir una bala en el cráneo, con un golpe de piernas volvió a la superficie.
Cuando iba a emerger chocó contra una masa que arrastraba la corriente.
—Algún cadáver o algún tronco de árbol —pensó.
Se agarró a él y luego, manteniéndose escondido detrás de aquella masa, sacó la cabeza y abrió los ojos.
Se le escapó un grito ahogado. El cadáver con el que había chocado era el de Windhya.
El desgraciado faquir había recibido una bala en el cráneo y era arrastrado por la corriente enrojeciendo el agua a su alrededor.