Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¿Vendrá entonces él?
—SÃ, y creo adivinar su plan —dijo el sacerdote.
—¿Cuál serÃa?
—Transportaros quizá fuera de aquà junto con el dios para bañarlo en las aguas del Ganges.
—¿Sabe Nimpor que estamos escondidos aquà dentro?
—He encargado al muchacho que se lo dijese.
—Debe de ser tarde —dijo el viejo thug.
—El sol está a punto de ocultarse.
—¿Y los cipayos? —preguntó Tremal-Naik.
—Siguen vigilando en el exterior —respondió el sacerdote—. Sin embargo, les engañaremos.
—¿No se opondrán a la fiesta?
—Que prueben a hacerlo, si tienen valor. Nadie, ni siquiera las autoridades inglesas, pueden impedirnos la celebración de nuestras fiestas.
Volvió a cerrar la portezuela, fue a espiar a los soldados que habÃan acampado a poca distancia de la pagoda y habÃan puesto centinelas en distintos puntos para impedir cualquier evasión, y por medio de una escalerilla que ascendÃa alrededor de la cúpula subió a lo alto de la pagoda.