Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Cálmate, Tremal-Naik. Ante todo, nos apoderaremos de las máquinas.
—¿Y después?
—Después iré a ver si el capitán ha bebido el narcótico que le he puesto en la limonada. Entonces entraréis en la cámara de popa y al primer silbido subiréis al puente. Los ingleses, cogidos por sorpresa, se rendirán.
—¿Están armados?
—Sólo tienen cuchillos.
—Apresurémonos.
—Estoy dispuesto. Voy a atar al oficial de máquinas.
Apagó la linterna, volvió a la cámara de popa y salió al puente justo en el momento en que el capitán dejaba el puente de mando.
—Todo va bien —murmuró el thug, viendo que se dirigÃa a popa.
Cargó su pipa y descendió a la sala de máquinas. Los tres afiliados estaban en su puesto, ante los hornos, hablando en voz baja.
El oficial de máquinas fumaba sentado en un taburete y leÃa un librito.
Hider con una ojeada advirtió a los afiliados que se mantuvieran dispuestos y se aproximó a la linterna que colgaba justamente encima de la cabeza del oficial.