Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¡Tremal-Naik! —gritó.
El cazador de serpientes apareció en el puente, pero ya no era el mismo hombre de antes. El tinte bronceado de su piel se había vuelto oliváceo como el de un malayo; sus ojos aparecían bastante agrandados mediante signos blancuzcos bien trazados. Con un sombrero de paja en la cabeza, una saya roja en los costados, dos largos kriss[25] ondulados suspendidos del cinto, era completamente irreconocible.
—¿Me reconoces? —preguntó al contramaestre, que lo miraba con admiración.
—Te reconozco porque a bordo no he visto malayos.
—¿Crees que me reconocerá el capitán?
—No, no es posible.
—Dime ahora cómo se llaman los dos afiliados embarcados en el “Cornwall.
—Palavan y Bindur.
—Conservaré en la mente estos nombres. Es preciso botar al agua una embarcación.
A una señal del contramaestre, se botó una yola.
—¿Qué quieres hacer? —preguntó Hider a Tremal-Naik.
—Esperar aquí a la fragata y después subir a bordo.
—¿Y yo?