Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¡Socorro! ¡Socorro! —gritó con voz tronante.
Algunos marineros se lanzaron a la proa de la fragata. Luego fue botada al mar una chalupa tripulada por cuatro hombres y se dirigió hacia el náufrago.
—¡Socorro! —repitió Tremal-Naik.
La embarcación volaba por encima del agua mientras la fragata menguaba su marcha. En cinco minutos recogieron al náufrago, que agarró las manos de un marinero y subió a bordo farfullando:
—¡Gracias, amigos!
Los marineros volvieron a tomar los remos y se dirigieron al «Cornwall». Arrojaron una escala y el falso malayo, chorreando agua y con los ojos hábilmente pasmados, fue conducido en presencia del oficial de cuarto.
—¿Quién eres? —le preguntó éste.
—Paranga, de Singapur —contestó Tremal-Naik mirando a su alrededor con curiosidad.
—¿Pertenecías a algún barco?
—Sí, al «Hannati» de Bombay, hundido hace unos cuatro días a cien millas de la costa.
—¿Con el mar tranquilo?
—Sí, se había abierto una vía de agua en la popa.
—¿Y la tripulación?
—Se ha ahogado. Las embarcaciones estaban averiadas y apenas se botaron al agua se fueron a pique.